Muchos cristianos viven su vida esperando por Dios, cuando todo lo que va a suceder en nuestras vidas, todo lo espectacular y milagroso es producto de vivir en sociedad con Dios. Si nosotros no hacemos nada, Dios no puede hacer nada.
Prov 4:23 Guarda tu corazón con toda diligencia porque de el mana las fuerzas de la vida, las barreras de tu vida, los limites de tu vida.
El buen hombre del buen deposito de su corazón saca buenas cosas hacia afuera, un hombre malo saca cosas malas, un hombre regular con un tesoro regular saca cosas regulares, pero un hombre con un deposito en su corazón para cambiar el mundo, saca de eso para cambiar el mundo.
Nosotros no debemos de vivir esperando por Dios, a menudo El es quien está esperando por nosotros. Dios quiere que conozcamos sus caminos, y mientras avanzamos podemos ver su poder fluyendo en nosotros. En Hechos 3 Pedro dijo al paralítico” de lo que tengo te doy”, el no dijo que Dios iba a bajar del cielo a hacer algo para sanarlo, el declaró de “lo que tengo te doy” y poder salió. Entrenemos nuestro corazón con la Palabra para que de él salga la vida. Es fácil movernos según las circunstancias, nuestras emociones se mueven por eso, pero aun en medio de una mala situación el creer por un milagro, creer que está pasando aún cuando no lo puedes ver nada con tus ojos y esperar por ello traerá vida.
Heb 4:9-11 nos habla del descanso, trabajamos muy duro haciendo la obra, construyendo el reino y muchas veces nunca logramos nada, usamos todos los métodos : oramos, pedimos, rogamos, y a menudo olvidamos que Dios quiere hacer todo esto mucho más de lo que nosotros queremos hacerlo, solo debemos pensar de la manera en que El lo hace.
Debemos trabajar más fuerte en construir nuestros corazones que construir la iglesia, Josué 1:8 nos anima a que meditemos en la palabra de día y de noche, haciendo lo que dice y así prosperara nuestro camino y tendremos éxito.
Como líderes en el reino de Dios no debemos estar esperando por Dios, debemos construir en nuestro corazón la creencia que Dios nos va a usar, que El va a cumplir su propósito en nosotros, que podemos atraer a nuestras vida todas las cosas que necesitamos para hacerlo, porque El está de nuestro lado.
Mucha gente piensa que Dios trae el éxito, que El nos hace prósperos, somos nosotros quienes debemos meditar en su Palabra y encontrar que El ya nos dio todo lo que necesitamos, sus promesas, su poder. Cuando confesamos que “más grande es El que está en nosotros que el que está en el mundo” no se refiere al que está en el cielo, sino que ya vive en nuestro interior y ese poder trabaja grandiosamente, hemos sido llamados a donde vayamos para hablar de Dios.
El trabajo de Dios nos es decidir cada detalle de nuestra vida, lo que decidimos y en lo que creemos limita a Dios, hay barreras que nosotros mismos levantamos Como un hombre piensa en su corazón, eso no es en su cabeza, sino en su corazón, estas creencias equivocadas nos estancan que Dios nos use.
Heb 2:12 dice que la palabra es poderosa y penetra nuestros corazones, dividiendo entre los pensamientos e intenciones que hay en él. Por ello es básico que cada vez que tengamos una creencia la comparemos con la Palabra, así sabremos cual es la verdad. Cada paso de nuestro ministerio en nuestra iglesia depende del tiempo que pasamos delante de El trabajando en nuestro corazón. Antes de pasar a un nuevo nivel de ministerio debemos subir un nuevo nivel en nuestro corazón.
Creemos cosas con nuestra mente y de allí pretendemos sacar fe, pero si no creemos con nuestro corazón es en vano. Nuestro corazón nos puede poner tantas trabas que solo Su Espíritu puede trabajar en el, en la medida que Su Palabra va entrando por nuestros ojos.
La verdad es la que nos hace libres pero solo cuando la creemos en nuestro corazón se libera el poder de Dios sin mayor esfuerzo.
Mt 16:19 dice que lo que atamos ya está atado, que lo que liberamos, es ya libre. Dios ya nos dio libertad nosotros somos el factor que decide.
Como sabemos que algo se está construyendo? Cuando las cosas empiezan a suceder sin mayor esfuerzo, dejemos de orar para que el poder de Dios caiga, construyamos dentro de nuestro corazón un sistema de creencias para la vida.
Las barreras de nuestra vida están en nuestro corazón, Dios no tiene barreras, el tiene libertad y mientras pasemos tiempos en Su presencia esas barreras serán arrancadas, lo que sucede en nuestro corazón controla nuestra vida creámoslo o no.
Cuando Jesús volvió a los once después de la resurrección los corrigió porque en unos pocos días ellos permitieron que su corazón se endureciera, nuestro corazón cambia fácilmente, nuestro corazón se puede poner lento, se puede endurecer con una sola acción, por ejemplo cuando juzgamos o criticamos.
Lc 24:25 dice que hay corazones lentos para creer, Jn 14:27 no exhorta a no dejar que nuestro corazón se perturbe.
Nuestro corazón es el centro de control de tu futuro, de él sale el futuro de nuestro ministerio, matrimonio, es decir, de todo lo que vas a hacer por Dios.
Preparemos nuestro corazón para cada temporada en la que vayamos a entrar, sino lo hacemos quedaremos atrapados en el nivel en que nos encontramos ahora.
En Mt 24 vemos que tres hombres recibieron talentos, según sus habilidades, dos de ellos los multiplicaron, pero uno lo guardó. El maestro quiere que tomemos nuestros talentos y habilidades y que trabajemos con ellos hasta que crezca.
Cuando crecemos con una mentalidad mediocre limitamos a Dios, solo Su palabra en nuestro corazón puede cambiar nuestro sistema de creencias. Un sistema de creencias equivocado también tiene poder.
Solo por el hecho que algo sea la voluntad de Dios no significa que va a suceder, si algo que Dios no ha prometido no ha sucedido aun es porque aun necesitamos trabajar en nuestro corazón, meditando la palabra, escuchando al Espíritu Santo.
Nuestro trabajo es buscar cuál es Su voluntad para nuestras vidas, Dios le dijo a Moisés que todo lugar donde se parara era suyo, Abraham tuvo que ver en su corazón que así como las estrellas del cielo era su descendencia.
Hemos sido llamados a persuadir a nuestro corazón con Su palabra y con Su Espíritu. Recordemos que la Palabra nos son hechizos mágicos que sólo decimos y suceden, esta tiene que ir a un lugar para ser concebida, y ese lugar es nuestro corazón. Por si solos, nada podemos hacer, pero cuando nos asociamos con Su Espíritu cosas poderosas pasan.